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Mikhail Tahl fue un personaje peculiar. A pesar de sus
graves problemas renales siempre llevó una vida llena
de excesos: fumador empedernido, bebedor y persona de hábitos
nocturnos, su salud le preocupaba más bien poco y
decidió vivir la vida a toda velocidad, como si alguien
le persiguiera. Su filosofía era vivir cada día como
si fuese el último y siempre disfrutando de las cosas
que más le gustaban. Una filosofía más que
respetable, ¿cuantas personas se dan cuenta en su lecho
de muerte de que no han vivido?.
Pero Tahl era un jugador trabajador, que sus excesos no
os hagan creer lo contrario. Todos sus entrenadores
coincidían en que se preparaba de forma dura, aunque
luego llevase una vida no muy acorde con un deportista.
Tahl dormía poco, solía pasarse las noches jugando
partidas blitz mientras las colillas se iban acumulando
en el cenicero. Podemos decir que vivía a su ritmo, la
siguiente anécdota refleja a la perfección este hecho:
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En
cierta ocasión Gennadi Sosonko, que fue su ayudante
durante un tiempo, recomendó a Tahl que leyese un
libro que había conocido recientemente. Tras una
agotadora sesión de entrenamiento que había
finalizado casi de madrugada, Sosonko decidió irse
a dormir porque el cansancio estaba haciendo mella.
Al despertarse al día siguiente se sorprendió al
ver una nube de humo que provenía del salón, al
entrar vio a Tahl con un cigarrillo en una mano y el
libro en la otra, a su lado una montaña de colillas
apagadas. Misha había leído el libro que Sosonko
le había recomendado al completo y lo había hecho
en sólo una noche. Ese día Tahl no durmió, algo
que ocurrió en muchos otros días de su vida. Así
era el genio, un hombre que quería disfrutar de la
vida... y vaya si lo hizo.
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