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El pequeño Misha empezó a sorprender a sus padres a los
3 años de edad, cuando ya leía y recordaba páginas
enteras de memoria. Alguien capaz de hacer algo así no
iba a ser una persona común, algo que se confirmó cuando
el niño comenzó su andadura escolar, ya que sólo duró 3
días en el primer curso al ser inmediatamente pasado al
tercer curso a la vista de su potencial.
A los 10 años entró en contacto por primera vez con el
ajedrez y desde el primer momento le apasionó. Por aquel
entonces también practicaba con fervor el fútbol, en la
posición de portero... dicen los que le pudieron ver que
no lo hacía nada mal. Su otra gran pasión, esta vez
alejada del deporte, era la música clásica, afición heredada de
su madre. En el colegio destacaba por encima del resto,
sobre todo en las matemáticas, aunque su profesor solía
desesperarse porque Mikhail no usaba su cuaderno y resolvía
todos las ecuaciones y problemas complicados directamente
en su mente (¡¡a la ciega!!).
Al poco de adentrarse en el ajedrez se dirigió al Palacio
de Pioneros de Riga para pedir su admisión, la cual le
fue concedida con rapidez debido a su excelente nivel
académico. Tahl se pasaba los días enteros en el club y
por las noches devoraba sin parar todos los libros de
ajedrez que llegaban a sus manos, en ocasiones hasta bien entrada la
madrugada. Analizaba partidas a la ciega y a veces pasaba
noches enteras sin dormir dedicado a esa tarea. Como es
lógico, sus padres comenzaron a preocuparse al ver como
su hijo se dedicaba al ajedrez de una forma casi
enfermiza, por lo que decidieron pedir consejo al jugador
letón Alexander Koblenz. Koblenz observó a Tahl y
comentó a la familia que estaba seguro de que Misha se
convertiría en maestro, ya que tenía un talento
especial. Fue entonces cuando Koblenz empezó a entrenar a
Tahl, algo que haría durante toda su carrera, mostrando
ser un pedagogo excelente y convirtiéndose
en su persona de confianza. Con el paso de los años
la figura de Koblenz se hizo cada vez más importante para
Tahl, siendo el apoyo que necesitaba en todo momento.

Alexander
Koblenz, entrenador, apoyo y gran amigo de Tahl
Estos inicios parecían muy prometedores, pero en unos
tiempos tan convulsos, como los de mitad de silgo, la
desgracia podía aguardar en cada rincón. Cuando Alemania invadió la URSS durante la II Guerra
Mundial, la familia Tahl se vio obligada a refugiarse en
Yurla, en el corazón de los Urales, lo que supuso que el
aprendizaje del chico se quedase en el aire. Tras la
guerra pudieron regresar a Riga y Tahl pudo retomar el ajedrez y
sus estudios.
Su progreso en el ajedrez se puede equiparar a sus
meteóricos logros académicos. Con
13 años ya consiguió vencer a un gran maestro: Ratmir
Jolmov, lo hizo durante unas simultaneas dadas por su
rival en Riga: (Ver
partida).
Tahl ya demostraba una gran capacidad de cálculo a pesar
de su corta edad, resulta poco común desarrollar tan
pronto un 'instinto asesino' para el ajedrez y todavía
menos común conservarlo hasta el fin de su carrera. Ese
mismo año volvió a jugar otra gran partida de ataque,
que fue la primera de su autoría en
ser publicada en una revista especializada
(Ver
partida).
El
primer premio que recibió en su carrera no fue por ganar un torneo,
sino por una de sus partidas: obtuvo el premio de belleza a la
partida más espectacular en el Torneo de la tres Repúblicas
Bálticas de 1948; el premio consistió en una enorme y
lujosa edición del libro "Pedro I", de Leon
Tolstoi. Talento a raudales y una filosofía de juego
que mantendría durante toda su vida: Ataque, siempre
ataque.
La capacidad de Tahl no conocía límites, algo que
demostró al comenzar sus estudios universitarios con sólo 16 años,
tras recibir un permiso especial del Ministerio de
educación debido a su juventud (ya lo habían intentado
cuando tenía 15, pero la ley no contemplaba esta
posibilidad hasta los 16). Cursó estudios de Literatura,
decantándose por una de sus grandes pasiones, y lo hizo en un tiempo
record. Realmente podría haber estudiado lo que hubiese
deseado, su mente era genial y no tengo duda de que
hubiese destacado en la profesión que hubiese elegido...
por fortuna para el aficionado al ajedrez, Tahl se vio
irremediablemente atraído por el deporte mental.
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