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Derritiendo el hielo islandés

Paisaje helado de Islandia

Alekhine, Alexander - Asgeirsson, Asmundur

Reykjavik 1931

1.e4 e6 2.d4 d5 3.Cc3 Cf6 4.Ag5 Ae7 5.Axf6 Axf6 6.Cf3 0–0 7.Ad3 Te8 8.e5 Ae7 9.h4 c5 10.Axh7+ Rxh7 11.Cg5+ Rg8 12.Dh5 Axg5 13.hxg5 Rf8 14.g6 Re7 15.gxf7 Tf8 16.0–0–0 a6 17.dxc5 Cd7 18.Txd5 Da5 19.Dg5+ Rxf7 20.Th7 Tg8 21.Td4 Dxc5 22.Txd7+ Axd7 23.Ce4 Db4 24.Cd6+ Rf8 25.Df6+ gxf6 26.Tf7++ 1–0

 

         

Después de 9...c5                   Después de 21...Dxc5                Después de 24...Rf8

 

          Tras la novena jugada negra una alarma saltó en la cabeza de Alekhine: 9... c5, un movimiento para presionar el centro con todo el flanco de dama sin desarrollar y ninguna pieza apoyando al enroque... ¡AL ATAQUEEE! Lo que vino a continuación es bastante lógico. Una vez sacrificado el alfil para hacer papilla el enroque, Alekhine empezó a agobiar al rey enemigo con todas y cada una de sus piezas, para terminar logrando una victoria tras apretar sin soltar la presa... ajedrez al rojo vivo capaz de derretir el hielo.

          Alekhine tenía alma de artista y eso se reflejaba en sus partidas. Pero también mostró otros rasgos menos positivos a lo largo de su carrera, como un ego desmedido y un oportunismo del que hizo gala en múltiples ocasiones. Ciertamente, fue un personaje contradictorio, capaz de enamorar con sus combinaciones dentro de un tablero o de despertar el odio más profundo con sus posicionamientos en la vida.

 

 

 

 

 

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