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Ajedrez
a la ciega

(
Autor : Javier Cordero Fernández -
© Ajedrez de ataque
)
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Nos encontramos ante la modalidad del ajedrez más
espectacular que existe. El ajedrez a la ciega resulta
sorprendente e incomprensible a primera vista, se juega
sin poder ver el tablero ni las fichas y el jugador se
vale simplemente de su mente para ir transmitiendo cada
jugada.
El aficionado observa ensimismado como el maestro
retiene la posición en su mente como si pudiese ver las
fichas, cada jugada parece realizada a través de unos
pases mágicos y resulta difícil comprender como un
como un ser humano puede lograr recordar y calcular
tantas variantes a la vez.
Pero esto es sólo la punta del iceberg. Lo habitual
es jugar sesiones de simultaneas, donde se juegan varias
partidas al mismo tiempo. Pero la dificultad sigue en
aumento, ya que todos los rivales de la sesión juegan
viendo sus fichas en sus respectivos tableros.
El primer caso registrado de ajedrez a la ciega está
datado en el año 970. Un manuscrito del Museo Británico
cuenta como Joseph Techelebi jugaba contra sus
rivales sin ver el tablero. Este jugador mostró su arte
en distintos países: Italia, Persia y varias naciones
del Este.
Pero también los árabes reclaman el privilegio de
haber sido los primeros en jugar a la ciega. Según sus
tratados, el primero en jugar sin ver el tablero fue Said
Ben Yugair al Kufi y lo hizo en el Siglo IX. De
hecho es conocido que todos los ajedrecistas árabes de
los Siglos IX y X jugaban a la ciega (también los que
habitaban en la Península Ibérica).
En 1265 se produjo la primera sesión de
simultaneas, el sarraceno Buzzeccia jugó 3
partidas a la vez (2 a la ciega y 1 normal) en
Florencia, ante los 3 mejores jugadores de la ciudad, el
resultado fue de 2 victorias y unas tablas para el
jugador 'ciego'. Según algunos escritos, los jugadores
persas daban sesiones de simultaneas de 4 ó 5 partidas
a la ciega en los Siglos XIV y XV.
Los jugadores de las escuelas italiana y española
también dominaban el arte de jugar sin ver el tablero. Ruy
López, Alfonso Cerón, Leonardo da Cutri
y Paolo Boi deslumbraron a los cortesanos al
vencer a sus rivales sin mirar el tablero.
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El
juego a la ciega no es nada sencillo, exige un esfuerzo
descomunal y no todos son capaces de soportarlo. Un
ejemplo muy ilustrativo es el de Kermur de Legal,
considerado el mejor jugador del mundo en su época, que
sólo llegó a jugar una partida a la ciega en su vida y
quedó tan agotado que prometió no volver a disputar
otra jamás.
La
notoriedad del ajedrez a la ciega se extendió como un
reguero de pólvora gracias a otro jugador francés:
Andre Danican Philidor. Sus exhibiciones en el café de
La Regence eran seguidas por auténticas multitudes y
fue reclamado en distintos países para realizar
simultaneas. Pero las hazañas de Philidor quedaron en
el olvido con la llegada de otro genio: Paul Morphy. El
estadounidense jugó 6 partidas a la vez en 1858 (New
Orleans), hazaña superada al poco tiempo por Louis
Paulsen, que jugó 8. Mor-
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phy
batiría esa marca acto seguido con 10 partidas. Éste
fue el comienzo de una gran rivalidad entre los
maestros, buscando el record de más partidas disputadas
a la vez.
En el año 1924 se decidió homologar estas marcas
debido a los intentos de fraude de algunos jugadores. La
primera marca homologada correspondió a unas
simultaneas de Alexander Alekhine, 26 partidas en New
York.
Todos estos records deben valorarse en su justa
medida, un punto importante a tener en cuenta es la
calidad de los rivales a lo que se enfrentan los
maestros, a veces el número de contrincantes es alto,
pero si son simples aficionados la dificultad disminuye.
Por eso las actuaciones más meritorias correspondieron
al estadounidense Harry Nelson Pillsbury, que era quien
añadía más dificultades a sus exhibiciones.
Por ejemplo, en el año 1902 (durante el Torneo de
Hannover), Pillsbury se enfrentó a 21 rivales (todos
participantes del torneo) durante 12 horas, con un
resultado de : +3 =11 -7. Éste puede ser considerado el
mayor esfuerzo que se ha realizado en la historia del
ajedrez a la ciega, sobre todo teniendo en cuenta que
también jugó manos de whist y que repitió una lista
de palabras "complicadas" que le habían sido
comunicadas horas antes.
Otra especie de milagro, difícil de comprender, fue
obrado por Jacques Mieses en el año 1943, en Londres. A
la tierna edad de ¡¡78 años!! jugó 5 partidas
simultaneas a la ciega (+2 =3), parece algo paranormal
que un cerebro en el final de sus días pueda rendir a
un nivel tan espléndido.
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Finalmente, el privilegio de ostentar el record vigente
en la actualidad corresponde a George Koltanowski, marca
lograda en la ciudad de San Francisco en el año 1961,
jugando contra 56 rivales a la vez.
Podéis seguir la evolución de estos records a lo
largo de la historia, en el siguiente enlace: (Ver
records).
Alguno de ellos son menos meritorios debido a los
rivales de bajo nivel que participaron o por normas que
imponía el maestro -por ejemplo George Koltanowski exigía
a sus rivales abandonar si tenían 2 peones menos ó 1
pieza de desventaja-.
A lo largo de la Historia también se han organizado
diferentes eventos re- lacionados con el ajedrez a la
ciega, algo que era más común en épocas lejanas que
en los tiempos actuales. Podéis ver alguno de ellos en:
(Más
a la ciega).
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En la actualidad el ajedrez a la ciega es poco
practicado, los GM consideran que supone un esfuerzo
demasiado grande, algo que terminaría por afectar a sus
resultados -en la URSS prohibieron a sus jugadores jugar
sin ver por este mismo motivo-. Sin duda el
acontecimiento más esperado del año, en cuanto a
ajedrez a la ciega se refiere, es el Torneo Melody
Amber
que se disputa en Mónaco. Dicho torneo consta de dos
competiciones: una de rápidas y otra de partidas a la
ciega. Ésta es prácticamente la única oportunidad de
ver a los mejores jugadores del mundo jugando a la
ciega, a Mónaco suelen acudir los primeros del ranking
FIDE y se suelen presenciar grandes espectáculos, ya
que al ser partidas rápidas, no computan para la
puntuación Elo y los jugadores pueden jugar sin tanta
presión, por lo que se atreven a corres más riesgos de
los habituales.
Para terminar este artículo veamos como afrontaban
las partidas a la ciega diversos jugadores. Aunque pueda
parecer que existe un método universal, esto no es así
y cada jugador tiene su propio modo de encarar las
simultaneas. Por ejemplo, Blackburne visualizaba un
tablero y las piezas en su mente y en ese tablero
imaginario hacía los movimientos. Esto no es nada común
porque entraña una gran dificultad y un mayor esfuerzo
(por ejemplo Alekhine no visualizaba las piezas, sino
signos convencionales). Harry Nelson Pillsbury utilizaba
un método fotográfico, a la mitad de cada sesión era
capaz de reproducir todas las posiciones sin vacilar.
Para comprender mejor todas estos métodos, podéis ver
como jugaban los siguientes jugadores:
Harry
Nelson Pillsbury
-
Siegbert
Tarrasch
-
Pierre
Biscay
Alexander
Alekhine
-
Reuben
Fine
Como pueden ver, el ajedrez a la ciega es una
disciplina muy complicada, exige un esfuerzo sobrehumano
y está reservado sólo a las mentes más brillantes.
Para el aficionado es un espectáculo atrayente, sobre
todo cuando el GM realiza una partida con combinaciones
espectaculares. Aquí tenéis 3 ejemplos: una partida de
Blackburne en la que anuncia mate en 6!!, otra de
Tartakower y para finalizar una de el ex-campeón del
Mundo Veselin Topalov ante Vladimir Kramnik, ojalá
hubiese jugado así hace un mes en el Cto. del Mundo.
También podéis consultar decenas de partidas a la
ciega en esta misma web: (Ver
partidas).
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Blackburne
- Collins, Hastings 1896
Tartakower
- Hagen, Viena 1914
Topalov
- Kramnik, Montecarlo 2002 |
(VER)
(VER)
(VER) |
BIBLIOGRAFÍA
Ajedrez
a la ciega - Benito López Esnaola
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