Ajedrez a ritmo de Pony Express

Jinete del Pony Express

Pierce   1 - Nash   0                    Pierce : blancas

Correspondencia  1885                Nash   : negras

 

1. e4 / e5  2. Cc3 / Cc6  3. f4 / exf4  4. Cf3 / g5  5. d4 / g4  6. Ac4 / gxf3  7. 0-0 / Dg5

8. Txf3 / Cxd4  9. Axf7+ / Rxf7  10. Txf4+ / Cf6  11. Cd5 / De5  12. Txf6+ / Rg8

13. Dg4+ / Ag7  14. Dxg7+ / Rxg7  15. Ah6+ / Rg8  16. Tf8++.

 

       

      Después de 5...g4               Después de 8...Cxd4            Después de 13...Ag7

           Eran otros tiempos. Las jugadas eran transportadas por carteros y los jugadores esperaban con ansiedad el sobre o la postal que trajese la respuesta del adversario. Días enteros para profundizar en cada posición, la cual pasaba a ser más conocida que la propia familia. Era el ajedrez por correspondencia, una modalidad que hoy en día ha perdido todo su sentido por culpa de las ayudas informáticas.

           Y es que la llegada de la tecnología al ajedrez ha tenido cosas positivas, pero también otras nefastas. El mal uso de los programas es una lacra muy extendida, que ha contaminado las partidas que se disputan por internet hasta el punto de que la mayoría de ellas son a ritmo blitz. El juego por correspondencia ha sido un territorio donde los tramposos han campado a sus anchas, por lo que dicha modalidad parece tener los días contados. 

           También existen otros malos vicios adquiridos por culpa de las computadoras, hoy en día quedan pocos aficionados que analicen partidas (suyas o de otros) simplemente con su mente, la comodidad de utilizar un programa es una tentación demasiado grande y nos estamos acostumbrando a que las máquinas piensen por nosotros. Esto es realmente una pena, ya que estamos prescindiendo de uno de los placeres del ajedrez: analizar y ver hasta donde podemos llegar con nuestro esfuerzo.

           Pero el ajedrez tiene una característica especial que lo hace inmortal: sus partidas. El ajedrez por correspondencia tenderá a desaparecer, pero siempre nos podremos recrear con obras de arte como ésta, que son imperecederas y podrán ser disfrutadas por nosotros y por las generaciones venideras.