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Max Lange supo adaptarse a los tiempos que le tocó
vivir, no sólo no rechazaba las posiciones complicadas,
sino que supo ser brillante en sus partidas dejando
varias joyas dignas de estudio. Durante toda su vida
estuvo volcado con el ajedrez. Fue un prolífico
compositor de problemas, publicó un par de libros y
participó en la organización de torneos como miembro
de la federación alemana de ajedrez. También fue
editor de una revista de ajedrez, Deutsche
Schachzeitung, durante 6 años.
Esta puede ser considerada su partida más brillante a
nivel táctico, sin duda una partida que tiene cierto
aroma a inmortal y debería tener un sitio preferencial
entre las partidas del siglo XIX. De hecho puede
representar a la perfección una batalla real donde los
soldados, de forma heroica, se van sacrificando por la
victoria de su bando. Una lucha donde el bando ganador
tuvo muchas bajas, pero finalmente se llevó la victoria
de forma épica.
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