Steiner  0 - Koblenz  1             Steiner   : blancas

          Brno  1937                        Koblenz : negras

 

1. e4 / Cf6  2. e5 / Cd5  3. d4 / d6  4. Cf3 / Ag4  5. h3 / Axf3  6. Dxf3 / dxe5

7. dxe5 / e6  8. a3 / c6  9. Dg3 / Cd7  10. Cd2 / Ce7  11. Cf3 / Cg6  12. Ad2 / Cc5

13. Ae3 / Ce4  14. Dh2 / Da5+  15. c3 / 00-0  16. Tc1 / Ac5  17. b4 / Dxa3

18. bxc5 / Cxc3  19. Ae2 / Db2  20. Cg1 / Ca2  21. Td1 / Txd1+  22. Axd1 / Td8

23. f4 / Da1  24. Ad2 / Cc3  25. Axc3 / Dxc3+  26. Rf2 / Txd1  27. Cf3 / Dxc5+

28. Rg3 / Txh1  29. Dxh1 / De3  30. Da1 / Cxf4  31. Db1 / Ce2+  32. Rh2 / Df4+

33. Rh1 / Dc1+  34. Dxc1 / Cxc1  35. Cg5 / a5  36. Abandono ( Steiner ).

Después de 16.Tc1

  

Alexander Koblenz, el maestro

 

Alexander Koblenz

            Alexander Koblenz destacó más como entrenador de ajedrez que como jugador, y la fama le llegó tras ser el preparador de un joven muy prometedor llamado Mikhail Tahl. Fue entrenador del campeón del mundo durante muchos años, a pesar de que Tahl tuvo otros entrenadores en diferente épocas. Pronto quedó claro que no le podría enseñar nada nuevo, pero Koblenz cumplía otra misión, entendía a Tahl como nadie y le aportaba el equilibrio y el orden que éste necesitaba.

            Koblenz amaba el ajedrez, tanto, que decidió no heredar el negocio familiar, lo que le habría dado una vida tranquila y sin sobresaltos. En aquellos tiempos escoger el ajedrez como profesión era bastante arriesgado, exponiéndote a llevar una vida llena de penurias. Pero Koblenz era feliz cuando se sentaba delante de un tablero y todo lo demás le parecía secundario.

 

            Era periodista y jugador a partes iguales (tal como Tartakower), su conocimiento de varios idiomas facilitó su labor periodística, permitiéndole viajar por toda Europa (hay que recordar que Letonia fue anexionada a la URSS en 1940, por lo que Koblenz no tuvo problemas para desplazarse a su antojo por Europa hasta esa fecha). Llegó a conocer a todas las figuras de esa época, entrevistando y conociendo en profundidad a Lasker, Euwe, Capablanca, Alekhine o Spielmann.

            Durante la década de los 30 vivió en España y en Londres, trabajando mucho y viviendo la vida al máximo, con pocas horas de sueño ya que solía pasarse las noches jugando ajedrez blitz con apuestas de dinero de por medio. Koblenz siempre disfrutó jugando partidas a ritmo rápido, algo que hizo durante toda su vida. Cuando finaliza- ba los entrenamientos con Tahl, siempre disputaban unas partidas blitz, aunque siempre era el pupilo el que se solía apuntar las victorias.

            Los momentos más brillantes de su carrera llegaron en esa época, ya que pudo participar en varios torneos internacionales. Tras la guerra su nivel decayó y prácticamente se limitó a jugar torneos en Letonia. Su estilo era eminentemente táctico, como la mayoría de jugadores salidos de Riga, siempre buscaba posiciones complicadas tratando de huir de las posiciones teóricas, ya que su preparación no era notable. Su tendencia a jugar partidas blitz le restó potencial en partidas a ritmo clásico. Su mejor actuación tuvo lugar en el torneo de Brno 1937, así como en sus cuatro triunfos en el Campeonato de Letonia (1941, 1945, 1946 y 1949).

             Durante la II Guerra Mundial pasó a ser ciudadano soviético, por lo que tuvo muchas dificultades para viajar fuera del país. Por fortuna, pudo seguir dedicándose a su gran pasión a través de la escritura y como preparador. Durante muchos años fue un pilar importante en la vida del genial Mikhail Tahl. Como es bien sabido, Misha tenía una vida más bien desordenada, le gustaba fumar mucho y beber, y solía pasarse buena parte de la noche jugando partidas blitz. A pesar de todo, trabajaba con ahínco en su preparación (a pesar de no tener fama de ello) y de esto era responsable Koblenz, que consiguió que su pupilo se preparase con intensidad para las citas importantes. Koblenz fue como un segundo padre para Tahl, entre ambos existía una relación de total complicidad. Tahl falleció en 1992, Koblenz tenía entonces 75 años, ver como su pupilo fallecía supuso un duro golpe para él, durante su funeral pronunció unas bellas palabras, pero no pudo finalizar su exposición por las lagrimas que inundaban su rostro.

             Koblenz fue un prolífico escritor, publicando numerosos títulos relacionados con el ajedrez. "El mundo mágico de las combinaciones" es su obra más conocida, un libro sobre el ajedrez táctico con comentarios muy amenos. También escribió un libro sobre su método de entrenamiento, "Ajedrez de entrenamiento", que ha sido traducido a varios idiomas. Koblenz destacó en otra faceta no relacionada con el ajedrez: fue cantante de opera, de hecho solía cantar en las ceremonias de clausura de los torneos.